23:45, en cualquier bar, cualquier día

Alguien nos presentó en una fiesta, aún no había bebido y me parecía una falta de respeto hablar con alguien en esas condiciones. Pero la segunda fue contigo, y después llegaron confesiones que solo se le dicen a los amigos a solas; recordamos la infancia y los miedos que nos da miedo confesar. Creo que en uno de esos te nombré a ti, pero tú estabas pidiendo la cuarta y yo no podía parar de hablar. Se nos hizo de día y aquel día no nos hizo falta follar para habernos conocido. Tampoco hizo falta que me acompañaras a casa, era de día y a esas horas dicen que no pasan cosas malas. Te di dos besos y siempre supe que te volvería a ver. Después pasaron semanas, meses, años… Quien sabe dónde estarás. Si seguirás siendo el mismo. Si te reconocería si algún día nos volviéramos a cruzar. Si tú. Si yo. Si. 

Y así fue como me di cuenta que las despedidas de día duelen más que de noche.

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