Me dijo que le hablara de mi

Cogí un mechero,
saqué la lengua
y le prendí fuego.

Yo no tengo miedo,
ni el privilegio de sentir dolor.
Y no intentes salvarme de nada
porque esto lo he elegido yo.

Me senté en el suelo y crucé las piernas.
Saqué un cigarrillo de mi bolsillo y un par de papeles
-¿Fumas?
-Sí.
Contestó.
Los pegué en forma de ele y luego los rellené del verde esperanza que hubiera encargado para mi.

-Verás, solo quiero entenderte.
No pude evitar mirarle a los ojos y reirme.
-¿Has estado alguna vez tanto tiempo solo que no has soportado volver a estar con alguien? Pues algo así me pasa a mi, pero sin haber estado sola.

-¿Tienes hermanos?
-¿En serio?
-Bueno, quiero saber más cosas de ti.

Y frunzo el ceño mientras chupo el papel y lo pego.
-Si, tengo dos hermanos.
-¿Y por qué a veces sonríes y no te das cuenta de que paras el mundo?
-Porque el mundo se para cada vez que voy a fumarme un porro.

Se sienta a mi lado y me mira con la cara descolocada. Yo me arrepiento de haberle dejado venir conmigo. Es otro de esos que creen saber qué pasa en mi vida, que podrían salvarme – aún no sé de qué quieren salvarme, pero lo intentan- y peor aún, es de esos que creen que me enamoraré de ellos y tendrán a una chica especial.

-Ya entiendo qué pasa contigo. Vas de dura, de chica a la que le han hecho mucho daño y no confía en nadie. Tienes miedo de que te pueda volver a gustar alguien por si te vuelven a dejar sola o te hacen daño como seguramente algún otro capullo haya hecho. Y no te voy a decir que soy la excepción, pero desde aquí he contado las 47 rayitas negras que traspasan tu iris y podría contarte las cicatrices y las heridas si me dejases.

-¿Alguna vez has volado?
-¿Perdón?
-Que si alguna vez has sentido tanto dentro que parecía que tus pies iban por encima del suelo, algo así como si volases. Yo siento eso cada mañana al levantarme. Siento que puedo ir volando de un lado para otro y con alguien a mi lado, o encima, no conseguiría levantar ni un palmo del suelo.
La finalidad de todo el mundo es tener a alguien con quien compartir los viajes. Yo prefiero volar sola, sin maletas, sin aviones, sin personas y sin una azafata que cada media hora se pasee por mi lado preguntándome si todo sigue bien.
Te podría hablar de mi, pero no soy más de lo que ves. 47 rayitas en el iris y cinco cicatrices a la espalda. Me queda menos de un cuarto de corazón y he quemado todos los pelos de mi lengua. No siento miedo. No siento placer. No siento nada y no quiero seguir a nadie. No puedo borrar mis huellas, pero siempre dejo señales por el camino por si alguien me está siguiendo y no quiere terminar perdiéndose. No busco hacer daño tampoco. Ni que me entiendas. Sinceramente me da igual.
-¡Pero tú no tienes ni puta idea de lo que estás hablando!
-Ni tú de lo que crees que estás viendo.

Le doy una última calada y le dejo el final amargo para él.

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