Asesino de las 4,20

Entiendo que ya no quieras verme
ni en la pintura que se te queda en los dedos
cuando lloras y te limpias el rimmel.

Se que no me has llamado
porque pensabas
que no querría volver a verte.

Creo que tu orgullo
me hizo una perdida anoche;
va a venir a buscarme
haciendo ruido de puntillas.

Vamos a colocarnos a tu salud.
A follarnos sin tu consentimiento
y mañana cuando amanezca
nos van a dar igual las caras largas.

He involucrado demasiados sentimientos
dentro de este vaso
más lleno que vacío
si lo miras por debajo.

He incluido en mi número de teléfono
el de emergencias
por si me besas sin querer.

Busca mis fotos en los cajones
y encuentra la diferencia
con mi sonrisa de entonces.

Mi psicólogo dice que estoy enferma
pero el no estuvo cuando perdí
la cabeza por ti.

Hace trescientas cuarenta y nueve horas que nos vimos por última vez
detrás de dos perros que aquella noche no querían dormir.

Mi pena lleva estancada
en la bañera
desde las 8 de la mañana
y mis disfraces de carnaval
se ríen de mi
al verme intentar ser
quien cualquiera querría que fuese yo;
menos yo.

No rompes vidas por dejar atrás a alguien.
No intento hacerte daño aunque a veces te haga cosquillas.
No imito al paso del tiempo pero él me ha mandado a por ti.
No quiero quitarme tus manos de encima.
Pero han venido buscando
tus huellas
por no sé que crimen
de qué corazón.

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4 respuestas a “Asesino de las 4,20

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