Y ahora qué

Con dieciocho años fui vidente. 7 horas a la semana durante dos años.

Con veinte me inventé una carrera y en el primer año la dejé.

Con veintidós fui de puerta en puerta robándo sonrisas.

Con veinticinco salté tejados y asalté alguna cama.

Para cuando tuve treinta creo que perdí el conocimiento en un vaivén.
Lo último que recuerdo de aquellos días es la olor a hierbabuena y la brisa del balcón. Salir a ver el mar con un medio ojo en la cara. Sonreír entre dos huellas de pie que se chocan en la arena. Notar la sal pegándose a tu saliva mientras nado en un mar de nubes. Sentir los gramos de amor entre los dedos de mis pies. Yéndo y viniendo con las olas. Y el sol que me pica y me hace cosquillas, como si también me hubiera echado de menos.
Recuerdo ser libre. Y durante algunos años realmente lo fui.

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